El Instituto de la Verdad

dudaHoy en día estamos inmersos en una duda sempiterna sobre cualquier tipo de información. Se duda permanentemente de todo a escala mundial.

Esta visión escéptica de la actualidad, ha devenido en una duda de la propia realidad. El Hecho en sí es cuestionado, debatido, y aceptado sólo en parcelas sociales, dejando en permanente crítica, destructiva o no, nuestra propia visión o percepción de lo acontecido.

Hay millones de ejemplos ilustrativos: desde los extraterrestres hasta el origen de la vida, del discurso o promesa del político de turno, hasta los administradores de alguna religión, del hombre en la luna, de la supuesta mano del jugador de fúbol. De lo mundial a lo particular. De lo que percibimos en nuestro cuerpo. De la Historia. De la actualidad. De lo que dice cualquiera. En todo hay duda, crítica, escepticismo, o simplemente pura desconfianza.

¿Es nuestra naturaleza así, o es el sobredimensionado caudal informativo el que nos abruma? ¿De qué podemos fiarnos? ¿Qué método de discernimiento de la Verdad podemos utlizar que sea cien por cien fiable, si existe?

Ese método ideal debería estudiarse en un utópico Instituto de la Verdad, y el propósito de este post es atreverse a dilucidar si tal institución podría ser o no una quimera. Así que, embarcados en esta tarea, estamos obligados a definir sobre qué vamos a emitir el juicio sobre verdad o falsedad. Es decir, tenemos que definir la Realidad antes de juzgarla.

Fundamento del Hecho y la Realidad

Podemos definir Realidad Humana como el convenio perceptivo o racional aceptado por la mayoría de los humanos en el que se desarrollan los hechos. Esta definición se adquiere por convenio dado que no existe una Realidad común a todos los humanos (por ejemplo, para personas con problemas de percepción sensorial o mental). No incluyo los hechos percibidos por otros seres, tanto animales, vegetales o, incluso, extraterrestres, y siendo riguroso, debería, ya que la Realidad, en sentido amplio, tendría que ser única para todos. Por lo tanto, la Realidad Humana sería un subconjunto de la Realidad Total. Éste es un argumento idealista de la Realidad, confieso, y podría usar otro más realista, pero creo que razonar a medio camino de uno y de otro puede arrojar los mejores resultados.

¿Podemos entonces atisbar o conseguir articular las leyes que rigen la Realidad Universal o Total? Difícil respuesta. Yo (a medio camino entre el realismo y el idealismo) creo que no del todo. Veamos porqué:

El método científico

Kurt Gödel y Albert Einstein, en 1950. IAS ArchivesLa Ciencia, y en particular, la Física, afirma que sus Leyes son comunes en todo el Universo. Todos sabemos que la Física se apoya, para formular sus leyes, en las Matemáticas. Y éstas no son todo lo completas que deberían para poder afirmar su universalidad o completitud. Y lo malo es que nunca podrán serlo, gracias, entre otros, a Kurt Gödel. Vayamos por partes.

Las Matemáticas que necesita la Física para explicar el universo conocido, se fundamentan, lamentablemente, en algunos axiomas. Y digo lamentablemente, porque los axiomas, por definición, hay que aceptarlos como ciertos. Bueno, el caso es que, hasta ahora, estas Matemáticas que son los ladrillos de la Física, hacen que ésta nos “permita” respirar, movernos en tren, etc.

Lo malo es que, tanto en las Matemáticas, como en cualquier sistema formal lo suficientemente complejo, habrá una proposición que sea verdadera, pero no demostrable, tal y como Gödel demostró con sus teoremas de incompletitud. Quedémonos con la parcial conclusión de que las Leyes de la Física, aunque inmensamente útiles, prácticas y empíricamente palpables, se fundamentan en verdades matemáticas axiomáticas que hemos de aceptar porque sí, como cuando tus padres te regañaban.

Pero Kurt Gödel no se quedó contento con este teorema, sino que nos dejó otro aún más demoledor:

Ningún sistema consistente (es decir, que no exista dentro de él una proposición y su negación) se puede usar para demostrarse a sí mismo.

Toma ya. Nunca se podrá encontrar un sistema axiomático que sea capaz de demostrar todas las verdades matemáticas y ninguna falsedad. Nunca podremos encontrar la Verdad en las Matemáticas utilizando las Matemáticas. Este tipo de razonamiento lo extiende Douglas Hofstadter en su totalmente recomendable libro ganador del Pulitzer “Gödel, Escher, Bach: un Eterno y Grácil Bucle” hasta sugerir que nuestra mente no se puede explicar completamente a sí misma…

Pero nos estamos desviando del tema… Intentamos definir la Realidad para luego buscar la Verdad y ya nos encontramos con problemas. Resumamos que hay dos corrientes filosóficas enfrentadas sobre la explicación de la Realidad, el Realismo y el Idealismo.

El Realismo afirma que:

Los objetos comunes percibidos por los sentidos, como mesas y sillas, tienen una existencia independiente del propio ser percibido.

Mientras que el Idealismo sostiene que:

La realidad extramental no es cognoscible tal como es en sí misma, ya que el objeto del conocimiento está preformado o construido por la actividad cognoscitiva.

Existe una postura defendida por Emmanuel Kant, que relaja un poco la definición idealista, pues contempla la existencia del mundo exterior, independientemente del hombre, cognoscible para éste, aunque no en su totalidad. Esto es compatible con las teorías de Gödel y Hofstader, en el sentido de que las cosas existen y nosotros nunca podremos explicarlo o conocerlo todo al 100%.

De hecho, según las actuales teorías y observaciones, las que explican la Realidad, sólo aproximadamente el 5% de la densidad de energía total en el Universo (inferido de los efectos gravitacionales) se puede observar directamente, el resto (95%) es “Materia oscura”, hasta ahora inexplicable. Es decir, la Física sólo explica un 5% de la Realidad, y aún así, las “herramientas” que utiliza para ello no sólo nunca podrán servir para explicar ese 5% (hasta el momento) en su totalidad, sino que, además, están fundadas en axiomas (punto, conjunto, elemento, por ejemplo) que hay que aceptar como verdaderos.

Así que, para cerrar este discurso, vamos a admitir, siguiendo la postura del idealismo alemán de Kant que existe una Realidad común a la que podemos intentar llegar a conocer, pero nunca en su totalidad, dado que estamos influidos por nuestras experiencias y percepciones.

Entonces, ¿dónde está la Verdad…

… aunque sólo podamos buscarla en la parte que podemos experimentar? Pues hay algunos métodos o herramientas que podemos utilizar para intentar sacar la verdad (ya con minúsculas) en nuestra vida diaria.

Para empezar, es evidente que todo ocurre por alguna razón. La relación de causalidad (causa-efecto) se cumple a rajatabla… Pues siendo rigurosos, tampoco es así del todo. Y la culpa es del gato. Del gato de Schrödinger y del principio de incertidumbre de Heisenberg. Si resumimos estos dos últimos conceptos, podemos decir que, excepto mayormente en observaciones a nivel cuántico, todo ocurre por alguna razón, y nuestro universo físico es, por tanto, predecible aunque sea probabilísticamente.

Dicho lo cual, vamos a ver las herramientas con las que contamos para desentrañar la verdad humana, que ocuparían las disciplinas del Instituto de la Verdad:

La navaja de Ockham

El principio de esta cuchilla filosófica es sencillo:

Cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, debe preferirse la teoría más simple a la más compleja.

Es decir, cuando dos o más explicaciones se ofrecen para un fenómeno, la explicación completa más simple es preferible.

Así, aunque en Derecho este principio filosófico no se aplica, en muchas otras áreas y disciplinas nos puede ayudar a discernir la verdad ante varias explicaciones sobre un hecho determinado. Simplemente (nunca mejor dicho) hay que preguntarse: ¿Qué es más fácil que haya ocurrido y que lo explica recurriendo a los mínimos recursos o argumentos?.

Por ejemplo, para explicar la caída de una manzana al suelo, podríamos plantear las siguientes explicaciones:

  • Unos duendes la tiraron.
  • Una tormenta a su paso tiró la manzana.

Estas hipótesis explican igualmente el fenómeno, pero el criterio de Ockham nos obliga a presumir que la segunda es la correcta, ya que las demás nos obligarían a asumir una serie de postulados mucho más complicados, como la existencia de duendes.

Practicar con la navaja de Ockham, además de conseguir hacernos más “diestros” en su empleo, arroja resultados muy interesantes, sobre todo a la hora de apuntar con esta “arma blanca” al discurso de muchos políticos, o incluso, a las reacciones de las personas de nuestro entorno.

La “máquina de la verdad” y los microgestos faciales

Estas “armas” se han usado por la Psicología y Psiquiatría y se han aplicado en investigaciones policiales o en programas de televisión con más o menos acierto.

Todas ellas se basan en el principio de que, en la mayoría de los casos, nuestro cuerpo no reacciona de la misma forma cuando mentimos que cuando decimos la verdad. Así que, si somos capaces de registrar esa diferencia, sabremos si alguien miente o no. Pero, ¿y si somos nosotros los que nos creemos nuestras mentiras?…

Tim RothTanto el cine como la televisión, han utilizado estas herramientas en muchísimas ocasiones. Os puedo recomendar un ejemplo de cada una, casualmente, protagonizado por el mismo actor: Tim Roth.

Este gran actor, aunque a veces no acierte en la película en la que se involucra, protagonizó en 1997, el largometraje “El impostor” (Deceiver), en la que interpreta a un presunto asesino al que le enfrentan a un polígrafo para descubrir la verdad.

El mismo Tim Roth, lidera el reparto desde 2009 de la serie “Miénteme” (Lie to me), en la que interpreta a un psicólogo director de una agencia que colabora repetidamente con el gobierno en la resolución de diferentes situaciones en las que es necesario averiguar si una persona miente o no. El análisis de los microgestos faciales es de lo que se sirven para determinar la sinceridad de los sujetos analizados.

Este análisis se basa en los trabajos reales del único profesional en el mundo capaz de percibir si una persona está mintiendo con solo mirarla: Paul Ekman. Ekman encontró que las expresiones faciales de las emociones no son determinadas culturalmente, sino que son más bien universales. Por ello, da igual el origen de una persona. Las expresiones de las emociones tienen un origen biológico, y por tanto, cualquier ser humano las expresa de la misma forma, aunque intente esconderlas.

El suero de la verdad: Pentotal

El pentotal ha sido utilizado en Psiquiatría porque parecía mejorar la fluidez de respuesta en la relación con el paciente. Este es el uso que ha dado fama a este fármaco, y por lo que se le conoce como suero de la verdad.

Teniendo en cuenta que como agente hipnótico, con una dosis controlada, su actuación en el cerebro humano produce depresión de las funciones corticales superiores, se pensó que podría resultar de utilidad en interrogatorios. Como se considera que la mentira es una elaboración compleja, consciente, mucho más complicada que la verdad, si se deteriora la actividad superior cortical, al sujeto le resultará mucho más complicado mantener su voluntad y la “verdad” fluiría en su conversación con mayor facilidad.

Eso es, al menos, la teoría, puesta en práctica durante decenios por los servicios de espionaje de muchos países. Hasta cierto punto, la idea es correcta, pero no garantiza, ni mucho menos, que el sujeto vaya a contar lo que se espera, puesto que hay muchos factores que pueden modificar el experimento, desde un entrenamiento especial hasta condiciones ambientales o, simplemente, una asunción de la mentira como verdad por parte del sujeto.

La hipnosis

La hipnosis, como técnica para averiguar si un individuo miente o no sobre una experiencia personal pasada, al contrario de lo que se podría pensar, no es una técnica válida. Se ha demostrado científicamente que la opinión de que la hipnosis mejora la capacidad de recordar experiencias vividas es falsa. Muy por el contrario, investigaciones y estudios científicos, han demostrado que la hipnosis y otras técnicas similares pueden inducir a la formación de falsos recuerdos.

El Zen y los koans

El Zen postula que, dado que nuestro raciocinio es inseparable de nuestra percepción, para llegar a la Verdad (la Iluminación, el Despertar), es necesario eliminar el razonamiento. Para ello, entre otras herramientas, se sirven de los koans.

Un koan es un problema que el maestro plantea al novicio para comprobar sus progresos. Muchas veces el koan parece un problema absurdo, ilógico o banal. Para resolverlo el novicio debe desligarse del pensamiento racional y aumentar su nivel de conciencia para adivinar lo que en realidad le está preguntando el maestro, que trasciende al sentido literal de las palabras.

Quizá el koan más famoso es aquel en el que el maestro da una palmada y dice:

“Este el sonido de dos manos, ¿cuál es el sonido de una sola mano?”.

Este koan también es famoso en la cultura occidental por habérsele dado un buen número de respuestas espurias o incorrectas tales como: chasquear los dedos, el silencio de mover una mano en el aire, darle una bofetada al profesor, poner la mano debajo del sobaco para hacer ruidos ofensivos, etc.

Los koan tienen el propósito de desconcertar el pensamiento discursivo lógico-racional y provocar un shock mental que lleve a un aumento de conciencia. Nunca se resuelven siguiendo la lógica del enunciado o tras un análisis racional del problema. De hecho, mientras el alumno tenga su pensamiento entretenido y prisionero del discurso racional, no podrá encontrar la solución. Cabe señalar que todas las místicas religiosas poseen formulaciones parecidas, no sólo el budismo zen.

Kill your ego

El zen, entre otras místicas, va un paso más allá y propone eliminar el yo. Matar el ego como método o vía para alcanzar la iluminación (o como en el hinduísmo, el nirvana: El nirvana no sería un sitio ni un estado, sino una verdad absoluta que debe ser experimentada). En estas filosofías religiosas se propone que la persona que experimenta el nirvana es comparable a un fuego apagado cuando su provisión de combustible se ha extinguido. En todas ellas también este combustible sería la falsa idea del Yo, que causa (y es causada por) el deseo, la necesidad, la conciencia, el nacimiento, la muerte, la codicia, el odio, la confusión, la ignorancia…

Jason Statham en RevolverPor cerrar este breve inciso sobre el ego, se puede resumir que nuestro ego es el reflejo de los demás egos desde nuestro punto de vista. Algo falso, construído sobre la idea de que la identidad es igual a la diferencia: “Yo soy yo, porque si no, sería igual que tú”. Por ello, las espiritualidades que afirman que todo forma parte del mismo ente, no admiten la diferencia, ya que todo (y todos) es (somos) parte de un mismo ser, entidad o consciencia, y todo está relacionado.

Un último apunte: El visionado de la película de Guy Ritchie (Snatch, Sherlock Holmes): Revolver.

El aumento de la conciencia

Siguiendo esta línea del acercamiento a la verdad por la vía de un aumento de la conciencia, nos encontramos con técnicas como la meditación, el uso de sustancias provocadoras de estados alterados de conciencia o la respiración holotrópica.

Aunque quizá resulte presuntuoso establecer un resumen de los puntos en común de estas técnicas, podemos resumir en que todas ellas tratan de expandir el yo hasta eliminarlo, o quizá eliminarlo para expandir nuestra consciencia, como una forma de autoconocimiento profundo.

Se han llevado a cabo muchos estudios sobre estas técnicas (meditación transcendental, experimentación con enteógenos, psicología transpersonal…), e incluso en 2008 se reanudó la investigación clínica sobre los efectos psicoterapeúticos de la LSD (el enteógeno quizá más conocido). Actualmente, se desarrollan dos investigaciones en este sentido, una en Suiza y otra en la Universidad de California.

Conclusión: La necesidad de la Verdad

Como colofón a esta larga entrada (si has llegado leyendo hasta aquí, sólo puedo agradecértelo, querido lector) quisiera insistir en que aunque pueda no parecer necesario, un Instituto de la Verdad se está haciendo cada día más imprescindible, por el hecho de que la manipulación interesada de la información y la historia, nos está llevando a una falta de crítica y por ello a una descomposición de la opinión y el juicio, en aras de una verdad mantenida por el mainframe. Una verdad interesada que sirve a intereses políticos y que degrada la propia educación. Dudamos ya de la historia de Roma tanto como de la primera guerra de Irak. Como decía Baudrillard en “La ilusión del fin”:

El hecho de que ya no sea el acontecimiento lo que genera la información, sino todo lo contrario, tiene unas consecuencias incalculables, pues toda la labor de lo negativo desaparece en el horizonte de los medios de comunicación.

Y la Historia, la de Verdad, es imprescindible en nuestra educación para no repetir errores. Un Instituto de la Verdad podría asentar una base verdadera de lo pasado, para poder desentrañar el informativamente ruidoso presente.

La educación no es la publicidad. La información no es internet. La Verdad no tiene dueño.

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5 comentarios

  1. Muy interesante el articulillo oiga!! Yo estoy en el estadio de apertura de conciencia.. con psicotropicos, sin psicotropicos como se tercie… y en mi nube sideral de conexcion galactica.. y oiga que bien me siento y que bien me lo paso.. :-P

  2. Gracias! Y a qué verdad has llegado?

  3. Mmmm he llegado a mi verdad.. que esta entre este mundo y el invisible.. voy caminando hacia la luuuuuuuuuuz!!! jajajaja

  4. Intentando llegar a la cuarta dimension… esto lleva su proceso…. ya te contare si llego… ;-)

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