Alimentación: El té analgésico y cómo una dieta vegetariana te ayuda a ti y al planeta

Graciela RochaEl té analgésico:
Durante miles de años los curanderos brasileños han sabido que la menta puede aliviar el dolor y ahora, por primera vez, ese conocimiento fue comprobado científicamente. Una investigación llevada a cabo en la Universidad de Newcastle, Inglaterra, afirma que la Hyptis crenata -conocida como menta brasileña- tiene propiedades analgésicas como las de los fármacos disponibles en el mercado.

El estudio -llevado a cabo en ratones- fue presentado durante el Simposio Internacional de Plantas Medicinales y Nutracéuticas celebrado en Nueva Delhi, India. El equipo de investigadores primero llevó a cabo un sondeo en Brasil para saber cómo se prepara la medicina tradicionalmente y cuánto debe consumirse. Descubrieron que el método utilizado más comúnmente era como infusión de té, hirviendo las hojas secas en agua durante 30 minutos y dejando que se enfriara el líquido antes de beberlo. El equipo encontró que cuando la menta se suministra en una dosis similar a la que recetan los curanderos tradicionales, la medicina era tan efectiva para aliviar el dolor como un fármaco parecido a la aspirina sintética llamado indometacin. Ahora planean realizar un ensayo clínico para ver si la menta también es efectiva como analgésico en humanos.

"Desde que los humanos caminaron por primera vez en la Tierra buscaron plantas que pudieran curar sus enfermedades" afirma Graciela Rocha, quien dirigió la investigación. "De hecho -agrega- se calcula que en todo el mundo se usan más de 50.000 plantas con propósitos medicinales". "Además de su uso tradicional, más de la mitad de todos los medicamentos que se recetan están basados en moléculas que surgen de forma natural en las plantas". "Lo que hicimos en este estudio es tomar una planta que se usa muy comúnmente para tratar el dolor de forma segura y comprobamos científicamente que funciona tan bien como algunos fármacos sintéticos". "Nuestro siguiente paso es descubrir cómo y porqué funciona de esta forma la planta".

La propia investigadora -que es brasileña- recuerda que le daban té de menta para curar sus males siendo niña.

"El sabor de la menta brasileña no es igual al sabor que mucha gente reconoce como menta en otros países", dice Rocha. "De hecho, sabe más como salvia, que es otra planta de la familia de la menta. No es muy agradable".

La doctora Beverly Collett, presidenta de la Coalición de Políticas para el Dolor Crónico afirma que "obviamente se necesitan más estudios para identificar la molécula involucrada". "Pero ésta es una investigación interesante para el desarrollo de nuevos analgésicos en el futuro". "Los efectos de las sustancias similares a la aspirina se conocen desde que los antiguos griegos registraron el uso de la corteza de sauce para aliviar la fiebre". "Las hojas y la corteza del árbol de sauce contienen una sustancia llamada salicina, un compuesto que surge de forma natural y que es similar al ácido acetilsalicílico, el nombre químico de la aspirina", expresa la experta.

La investigación aparecerá publicada en la revista Acta Horticulturae.

Plant Based Diet is my cureCómo una dieta vegetariana te ayuda a ti y al planeta:
Las organizaciones que trabajan en la promoción de la salud y que recomiendan una “plant-based diet” cada vez son más numerosas: Organización Mundial de la Salud, Fundación Mundial para la Investigación del Cáncer, Instituto Americano para la Investigación del Cáncer y Academia Americana de Pediatría. Las ventajas abarcan la prevención cardiovascular o frente al cáncer, además de otras dolencias crónicas como la diabetes y algunas enfermedades degenerativas. Esta dieta, además, es más respetuosa con el entorno porque los costes ambientales asociados a la producción de alimentos cárnicos o pescados, e incluso de lácteos o huevos, son importantes.

Los alimentos de origen vegetal son la base de una dieta “plant”, aunque no de forma exclusiva. En las comidas diarias también son frecuentes los cereales integrales o poco refinados, otros alimentos farináceos como tubérculos, frutas y hortalizas, legumbres, hierbas aromáticas, especias y grasas vegetales. La carne, las grasas animales, el pescado, los lácteos, los huevos y otros alimentos procedentes del mundo animal se consumen en pequeñas cantidades y se concentran en días concretos, como los festivos. Las bebidas alcohólicas de baja graduación se reservan para ocasiones especiales.

Los perfiles nutricionales y la densidad energética son muy variables y dependen en gran medida de los alimentos que se ingieren. La cocina tradicional de la mayoría de los países cuya alimentación se basa en productos de origen vegetal combina a menudo cereales y otros farináceos con legumbres. Destacan platos como los frijoles con arroz del continente americano, las lentejas con arroz indias, el cuscús con garbanzos y verduras marroquí, el arroz con derivados de la soja típico de Asia o los potajes de legumbres y patatas acompañados con pan, característicos de la gastronomía mediterránea.

Cuando la oferta alimentaria es suficiente, también lo es la energía y las proteínas que proporciona la dieta (excepto en casos concretos, como los alimentos farináceos tipo yuca, muy bajos en proteínas). Respecto al aporte de calorías, tienden a ser pautas alimentarias de una densidad calórica más bien baja. Por otro lado, destaca la calidad nutricional que proporcionan las grasas vegetales, con predominio de las insaturadas, así como los niveles de vitaminas, minerales, oligoelementos y compuestos fitoquímicos.

Las enfermedades crónicas mencionadas son muy poco frecuentes en los lugares del mundo donde la alimentación se apoya en alimentos de origen vegetal. Por este motivo, también en los países occidentales, con la salud como objetivo principal, se recomienda cada vez más. La OMS afirma que cuantos más productos de origen animal se consumen en occidente, más tasas de enfermedades crónicas se registran.

Entre las diez principales recomendaciones del Instituto Americano para la Investigación del Cáncer y del Fondo de Investigación Mundial del Cáncer para la prevención de esta enfermedad, se subraya la necesidad de fundamentar la dieta en vegetales y limitar, en especial, el consumo de carne roja. La Asociación Americana del Corazón, por su parte, aconseja un menú compuesto por verduras, cereales y frutas.

Otras entidades de prestigio como la Sociedad Americana del Cáncer, los Institutos Nacionales de la Salud y la Academia Americana de Pediatría también defienden el consumo de plantas y sus subproductos, con el fin de reducir el riesgo de las enfermedades crónicas graves.

Estas recomendaciones se basan en estudios, como el recién publicado en la revista “International Journal for Vitamin and Nutrition Research” (“Anti-inflammatory effects of plant-based foods and of their constituents”), en el que se describe el papel antiinflamatorio e inmunomodulador de los nutrientes y compuestos no nutritivos (carotenoides y flavonoides, entre otros), habituales en los vegetales. Al ser la inflamación una condición patológica muy relacionada con la enfermedad cardiovascular, el cáncer y otros trastornos, una ingesta elevada de compuestos con actividad antiinflamatoria contribuiría a su prevención.

La dieta occidental típica, conocida como “western diet”, es muy densa en energía y está constituida cada vez más por alimentos procesados. Es rica en carnes, lácteos, alimentos grasos y azucarados como embutidos, pasteles, dulces, bollería y bebidas azucaradas. Contiene cantidades variables de frutas y hortalizas, mientras que el pan y los productos derivados de los cereales y patatas, muchos de ellos procesados con adición de azúcares y grasas, son la base de los alimentos farináceos.

Aunque es impreciso generalizar, puesto que el concepto de “dieta occidental” engloba patrones alimentarios muy variados de perfiles nutricionales diversos, las dietas más frecuentes en los considerados países ricos se asocian a una mayor prevalencia de sobrepeso y obesidad, diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular y cerebrovascular, algunos cánceres y otras patologías crónicas.

Extender la “plant-based diet” a la población occidental no sólo mejoraría la salud humana. El planeta también sacaría provecho de este patrón alimentario, ya que los costes ambientales derivados de la producción de alimentos de origen animal son considerables. La ganadería es responsable en gran medida de los problemas de deforestación y destrucción de praderas, así como del 18% de las emisiones de gases de efecto invernadero, según datos de Naciones Unidas.

El gasto y contaminación del agua asociados a esta actividad son elevados, así como el consumo energético. Un estudio sobre la sostenibilidad ambiental de las dietas basadas en alimentos de origen animal comparadas con las de origen vegetal, publicado en la “American Journal of Clinical Nutrition”, estima que la producción de 1 kilocaloría de proteína animal requiere alrededor de 25 kcal de energía fósil, mientras que la producción de 1 kilocaloría de proteína vegetal precisa tan solo 2,2 kilocalorías.

Se calcula que en el mundo hay alrededor de 4.000 millones de personas que siguen una “plant-based diet”. La dieta mediterránea tradicional y la alimentación típica de Asia Oriental se fundamentan en alimentos de origen vegetal, así como la mayoría de las comunidades rurales de países con ingresos medios y bajos. Un alto porcentaje de personas que consumen este tipo de alimentos no lo hacen como una opción personal, a diferencia de quienes se deciden por las dietas vegetarianas, veganas y flexitarianas. Esto se explica porque gran parte de la población mundial se ve obligada a utilizar los animales para otros fines distintos a la alimentación y debe prescindir de los productos más caros, los de origen animal.

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