La tecnoadicción despunta en España y los psicólogos advierten contra el gusto por lo nuevo cuando empieza a ser obsesivo y desequilibra otros aspectos de la vida, desde la economía hasta el trabajo o la relación con otras personas

No importa el dinero que cueste el artilugio ni que se haya comprado algo similar hace tan sólo unos meses, el objetivo es poseer los aparatos más avanzados. No todos los coleccionistas de tecnología tienen una disfunción. Para que el gusto por lo nuevo se llegue a considerar una adicción ha de desequilibrar algún aspecto de la vida de la persona, señala Jaume Almenara, profesor de Psicología Social de la Universitat de Barcelona (UB). "Cuando gasta más dinero de la cuenta o abandona sus relaciones sociales o laborales embebido en la tecnología, la persona tiene un problema, pero si se lo puede permitir y no interfiere de manera negativa en su vida no hay por qué preocuparse", dice el psicólogo.

Los motivos que hay detrás de la adicción a las compras tecnológicas estarían relacionados con el ego y la confianza en uno mismo. "De manera constante – indica Almenara- nos dicen que el campo de las nuevas tecnologías es un terreno prácticamente infinito y que con ellas se consiguen logros de manera más efectiva. Para algunas personas poseer esta tecnología es como estar a la vanguardia de todo". Así, según este psicólogo, los continuos cambios en nuestra sociedad y la abundancia de información crean inseguridades. "En cambio, cuando lo dominamos todo, la tecnología por ejemplo, tenemos sentimiento de omnipotencia, aunque en realidad se trate de un poder ficticio", apunta Almenara.

Miguel Ángel Manzano también ve en esta adicción una forma más de encontrar satisfacción de manera inmediata: "La tolerancia a la frustración es menor hoy, y cuando se compra se obtiene una recompensa rápida", opina. Esa satisfacción motiva para conseguir el siguiente aparato tecnológico y progresivamente se establece "un círculo de búsqueda de satisfacción y, por lo tanto, de más compras". La persona acaba aportando a este objetivo más tiempo, esfuerzo y recursos y poco a poco se convierte en un adicto que quiere su dosis de tecnología.

El mayor peligro de la tecnoadicción es, a decir de los psicólogos, su consideración social. Nadie verá mal que alguien tenga una cámara de vídeo de última generación. Al contrario, "este tipo de comportamientos se premian, poseer tecnología avanzada es una manera de mostrar tu estatus, como ocurre con los coches", opina Manzano. A aquellos que no tienen el último modelo se les considera unos desfasados y de esta manera el adicto refuerza su conducta.

El principal ejemplo de la fascinación por la tecnología está en los adolescentes. "Si no tienen un móvil con las últimas prestaciones se encuentran excluidos de su grupo, no se pueden pasar los mismos vídeos ni melodías que sus compañeros y obligan a sus padres a gastar dinero en exceso en estos teléfonos", asegura Manzano. Esta necesidad forzada de estar al día, según él, marcar el principio de una adicción a las compras tecnológicas.

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